domingo, 17 de julio de 2016

Soledad

  No hay nadie en casa. Es tarde y estás en tu cama. Estabas leyendo y la lectura era tan interesante que ni te has dado cuenta de la hora hasta que tus párpados no han podido más y han caído. De golpe, te has dado cuenta del sueño que tienes... pesado como el plomo, y a la vez etéreo y dulce como un gas que poco a poco te hace caer sobre la almohada como si estuviera imantada.

  Cierras el libro. De pronto, se apodera de ti una sensación extraña. Acabas de percatarte de tu tremenda soledad; nadie en casa, nadie en la calle...  El silencio te envuelve como la manta con la que te arropas, igual de cálido y a la vez frío; solo de vez en cuando se oye, algún coche que pasa, el viento y las hojas secas que arrastra... Las hojas secas... suenan como pasos arrastrados, fantasmagóricos. Solo son hojas. ¿Te asustan las hojas?

  Tienes miedo. ¿De qué? No hay nada fuera de lo común. Y, sin embargo, eres incapaz de moverte un milímetro. Después de un momento reuniendo valor, dejas el libro en la mesilla, apagas la luz y te tumbas en la cama. Te tapas hasta le barbilla, porque el miedo sigue ahí. ¿Miedo a qué?

  Ahora, el silencio es aún mayor y se le une la oscuridad como un manto de terciopelo suave y acogedor, y a la vez terrible, que te cubre completamente. Solo por la rendija de la persina se cuela un diminuto rayo de luz que solo sirve para inquietarte más. Parpadea. Refleja la sombra de un árbol cercano, de un coche que pasa. Son sombras deformes, casi monstruosas. Solo ese hilo de luz hace que todo sea aún más horrible. Pero no hay nada fuera de lo común; entonces, ¿de qué tienes miedo?

  ¿Te giras para no mirar la luz? No puedes, el miedo vuelve a paralizarte, prefieres quedarte vigilándolo. Los sonidos se amplifican, aparecen algunos nuevos (en otro piso, algún vecino se ha levantado, o es algún animal que camina despacio por la casa). No hay nada raro en eso ¿por qué lo temes?

  No hay otra opción. Te metes bajo las sábanas. Ya no hay rayo de luz, ya no hay sonidos. Solo oscuridad y calor. Por fin te duermes, pensando que estás protegido de algo que no hay. Pero mañana por la mañana te preguntarás ¿qué era aquello que me daba tanto miedo?

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